Hace poco, durante un curso, un sacerdote comentó que muy a menudo nuestra percepción de los santos es incorrecta. Nos asombramos e interesamos más por sus prodigios y por sus hechos extraordinarios, que ignoramos la verdadera razón por la que alcanzaron la santidad: por la vivencia heroica de las virtudes.
Juana de Arco, una joven francesa que pasó a la historia(y a la leyenda) como la persona más joven en dirigir un ejército, y como una heroína de Francia, fue, antes que nada, una heroína en su propia vida.
Juana de Arco, santa Juana de Arco, ganó con su vida la mejor de las batallas. Peleó el buen combate de la fe, y conquistó la vida eterna. Aprendió a abandonarse en el amor de Dios, y dar testimonio de Él ante los demás.
Más allá de sus hazañas, más allá de sus dones, más allá de lo que la Historia dice de ella... Juana de Arco ante todo fue una joven como nosotros que puso empeño en su vida para acercarse al que ella amaba más: Dios mismo.



